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Hagler-Hearns, el mejor primer round de la historia del boxeo: nunca se vio nada igual

Fue como si la incontenible lava de un volcán se hubiese precipitado sobre el ring.

Miré a mí alrededor y vi los ojos vivaces de Muhammad Alí clavados en el primer cambio de golpes mientras que a Sugar Ray Leonard le costaba encontrar las palabras y el tono para explicarles a los televidentes de la HBO aquel temblor de excitación y drama que nos estaba ocurriendo.

Las 15.207 personas que se hallaban en el Caesars Palace aquella noche del 15 de Abril de 1985 quedaron atrapadas bajo el síndrome de un frenético suspenso cuyo punto final podría ser un golpe, solo un golpe, pues para ambos boxeadores la vida se reducía a tres minutos.

Al cabo de esa primera vuelta y bajo un tenso zumbido de la multitud el escritor Norman Mailer le confesó a Alberto Oliva – amigo, brillante colega, enviado por la revista Gente– que “jamás había visto nada igual” al tiempo que Larry Holmes, dignísimo ex campeón mundial de peso pesado, abandonaba su butaca para correr eufórico hasta el rincón de Hagler y gritar: “Éste es el mejor, éste ganará, aplaudan a Marvelous…”.

Verlos a Marvin Hagler y Thomas Hearns sobre el ring ya era un milagro pues enfrentar a estos dos campeones mundiales demandó la más intrincada y difícil gestión del promotor Bob Arum. Se diría que le costó mucho más que hacer la pelea entre Alí y Foreman en el Zaire.

La realización de este combate le demandó a la Top Rank tres años de gestiones pues se iba a disputar en Windsor, Ontario (Canadá) el 25 de Mayo del 82’ y recién pudo firmarse en Diciembre del 84 en el Waldorf Astoria de Nueva York. Es que cada punto del contrato hacía retroceder la concreción como si quienes representaban a los boxeadores hubiesen preferido hallar excusas para evitarla.El autor de la nota junto al promotor Bob Arum y al campeón Marvin Hagler.El autor de la nota junto al promotor Bob Arum y al campeón Marvin Hagler.

Finalmente la HBO garantizó los 9 millones de dólares que sumados al aporte del sponsor, la venta de los tickets y los derechos internacionales de la televisión en vivo más las facilitaciones del Caesars -50 habitaciones, cuatro conferencias de prensa, cinco cenas para 200 personas y el agasajo final con 850 invitados- le permitieron a Bob Arum arribar a los 25 millones de dólares. Fue así que pudo garantizarle un piso de 5.3 millones de dólares a Hagler y 5.2 millones de dólares a Tommy Hearns. Con las nuevas tecnologías en soportes, plataformas y aplicaciones hubiesen significado ganar hoy 10 veces más a cada una de las partes…

Una vez concretada la pelea el periodista Jeff Powell la bautizó “The war” ( La guerra) y tuvo razón . Fue el mismo colega quien le había cambiado el sobrenombre a Hearns cuando mutó el famoso “La Cobra de Detroit” a “The Hitman” (algo así como El Sicario o El asesino a sueldo). Hagler en cambio siempre fue Marvelous (Maravilloso). Ambos recorrieron 20 ciudades norteamericanas en 13 días para promocionar un combate que ninguno de los dos quería realizar pues había entre ambos un profundo respeto hasta el límite del temor. El boxeador no le tiene miedo al dolor o las consecuencias de los golpes sino a las consecuencias de una derrota inoportuna. Hagler y Hearns eran dos campeones del Mundo de la AMB: Marvin del peso mediano y Hearns de los mediano juniors y a ambos los esperaba Sugar Ray Leonard, la estrella del boxeo mundial. Vale la pena recordar que Sugar Ray ya le había ganado a Hearns en histórico combate – sería una gran revancha- pero el mundo pedía la Hagler-Leonard. Probablemente esto nos ayude a entender por qué razón salieron a “matarse” de entrada.

Lo ocurrido en el primer asalto resultará imborrable; fue como si un rayo se hubiese partido al tocar la hirviente lona electrizando el espacio y la piel de la gente.

De tal manera que el prestigioso Bob Arum, presidente de la Top Rank, declaró esa semana: “He organizado 655 peleas y la mejor fue la de Hagler-Hearns”

Marvin sorprendió con su insospechada actitud pues salió disparado de su esquina a lanzar golpes callejeros, propios de automovilistas furiosos. El boxeador ortodoxo, dúctilmente zurdo, proclive al contragolpe, de enorme concentración para cambiar imprevistamente la posición de defensa a ataque, quien siempre había hecho alarde de una perfecta sustentación con el ángulo de los pies en desplazamiento y una guardia inaccesible, fue tras Hearns, lo corrió por todo el ring tirando golpes desde cualquier posición y esto generó una batalla que contagió de frenesí al público presente y a los 300 millones que lo seguían por televisión.

En esa memorable vuelta, la más electrizante en la historia del boxeo mundial, ocurrió un hecho insólito: Hagler disparó 82 golpes, acertó con 50 –el 61%- pero ninguno de ellos fue un jab. Esto significa que no boxeó, sólo peleó pues en el pugilismo el jab es el golpe recto y descendente que inicia la acción midiendo la distancia y abriendo camino para cualquier combinación con el otro puño. Al ser zurdo, Marvin siempre comenzaba explorando con su derecha pues la potencia radicaba en la izquierda. No fue así en aquel combate en el cual salió a tirar golpes en posición de ataque con más agresividad que armonía.Marvin Hagler, hoy. Vive en Europa y una de sus últimas apariciones públicas fue el año pasado en Salle des Etoiles, Monaco, para una ceremonia de entrega de premios (Foto: Reuters)Marvin Hagler, hoy. Vive en Europa y una de sus últimas apariciones públicas fue el año pasado en Salle des Etoiles, Monaco, para una ceremonia de entrega de premios (Foto: Reuters)

Planificando esta hipótesis, Hearns se había preparado con tres sparrings zurdos: Cecil Pettigrew, Brian Nuller y Charles Henderson. Su director técnico Emanuel Steward planteó un combate lógico pues entrenó a Tommy para que fuera al ataque con la mano izquierda extendida aprovechando su envergadura (1.82 contra 1.77 de Hagler) y sobre la base de su velocidad descargara una proporción promedio de tres golpes suyos contra uno de Marvin.

Tal como lo recuerdo, tan pronto sonó la campana todas estas hipótesis quedaron desvanecidas pues Hagler persiguió a Hearns quien se vio obligado a responder con sus ganchos cortos y ensayar 22 jabs de los cuales solo llegó con la mitad. Más aún, tras un cambio de golpes se notó una herida vertical en la frente de Marvin que demandó un gran trabajo cauterizante de Goody Petronelli – hermano de Pat, el entrenador- en el descanso hacia la segunda vuelta.

Nadie podía creer lo que estaba viendo: esos dos tremendos campeones, aquellas dos bestias en apogeo cambiando golpes durante tres minutos a cara descubierta con un perseguidor implacable -Hagler- y un perseguido de punzantes respuestas –Hearns -.

Cerca de final del asalto la derecha de Marvin llegó dos veces chocando la barbilla de Hearns y los ganchos de éste parecieron una apelación extrema para enmendar tardíamente un libreto insospechado.

Cuando salieron para el segundo round, Sugar Ray Leonard tenía dos puntos de ventaja para Hagler tras advertir a todos sus televidentes: “Si Hearns no logra el dominio de la pelea su suerte estará echada y rápidamente”.

Otros calificados comentaristas invitados como Jean Claude Bouttier (Televisión Francesa), Paolo Rosi (RAI de Italia) y Pipino Cuevas (México) habían llegado con un punto de diferencia a favor de Hagler, pero no era eso lo que estaba en cuestión al término del inolvidable primer round; antes bien, lo que se vislumbraba era que Hagler tenía una irrefrenable actitud arrolladora. Más aún sabía lo estaba haciendo, por qué lo estaba haciendo y cómo lo estaba haciendo. Hearns en cambio no sabía lo que estaba haciendo, no podía hacer otra cosa ni cruzaba por su mente una variante

Desde la segunda fila, la novia de Hearns, Kim Craig, con la pequeña Natacha (hija del primer matrimonio de Tommy), lloraba desconsoladamente cual presagio fatal.Tommy Hearns, hoy. Estuvo en la pelea de febrero entre Deontay Wilder y Tyson Fury en el MGM Grand Garden Arena de Las VegasTommy Hearns, hoy. Estuvo en la pelea de febrero entre Deontay Wilder y Tyson Fury en el MGM Grand Garden Arena de Las Vegas

El referí Richard Steele se acercó otra vez a la esquina como si dudara de su decisión de dejarlo continuar a Tommy después de la segunda vuelta. El estadio era un espacio tenso y murmurante, mezcla de estupor y emoción.

Cuando salieron para el tercer round las imágenes contrastaban absolutamente: Hearns ofrecía una sensación endeble, desorientada y vacilante a pesar de haberse visto otra vez obligado a contestar; en cambio Hagler adquiría la dimensión de dominador absoluto y pleno movido por una convicción inmodificable.

El referí Steele volvió a protagonizar otro momento dramático: detuvo el combate y le pidió al médico doctor Donald Romeo que volviera a chequear la herida de Hagler. Se hizo un silencio profundo y tras un suspiro que duró unos segundos la pelea continuó. Hearns mostraba a través del baño sudoroso su indisimulada inseguridad. El desenlace estaba cerca pues las piernas del hombre de Detroit carecían de sustento y una sonrisa entre impotente y resignada denunciaba inequívocamente la inminencia del final.

Fue el momento en que medio ring side se puso de pie. Una larga bandera de los Estados Unidos caía desde la terraza del Caesars Palace dibujando un mapa del país. Parecía que Hagler miraba hacia esa bandera diciéndose a sí mismo: “Estoy a punto de conquistarte, América: tendrás que reconocerme como a un grande; falta poco para que quede en la historia”.

Una derecha larga, curva y violenta volvió a chocar en el mentón de Hearns y aquel cuello fino y largo quedó sin resistencia. Tras recibir el golpe, giró sobre sí dando la espalda, tratando de alcanzar el encordado. Como un felino hambriento Hagler se lanzó sobre él y luego de amagar una izquierda que nunca tuvo intención de llegar, impactó la derecha – esta vez desde arriba hacia abajo- continuó con su cuerpo hasta contactar el tórax de su rival y cuando vio que se le desinflaba dio el paso atrás dejándolo caer. El árbitro tomó la cuenta del time keeper en el segundo número tres y la prosiguió hasta llegar a los ocho de protección. Cuando iba por el seis Hearns se puso de pie, el referí lo miró a los ojos y al advertir la vaguedad de su mirada, sin más sustento que su vergüenza, lo tomó con el antebrazo derecho pasado sobre su espalda e hizo señales con la otra mano de que la pelea había terminado.

Hoy mirando atrás y al evocar recuerdo las imágenes flasheadas de una noche que inmortalizaron tres minutos, los del aquel primer asalto, sin dudas el mejor de la historia del boxeo.PlayVideo: El primer round de Marvin Hagler vs. Thomas Hearns en 1985, una pieza que quedó para la historia del boxeo.

Veo al pobre Larry Holmes en una mesa del bar Cleopatra con Don King y cuatro amigos con una copa de fino Chardonnay sin que nadie le pida un autógrafo a tan tremendo campeón mundial de peso completo que llevaba por entonces un invicto de 47 peleas.

Recuerdo a Sugar Ray Leonard ayudado por cuatro custodios para poder avanzar muy lentamente hasta su lugar al borde del ring desde donde opinaría sobre el combate junto al famoso relator Al Michaels y a su comentarista Al Bernstein. Fue Michaels quien al término del asalto inicial subrayó: “Tremendo primer round, increíble, tal vez el mejor en la historia de los pesos medianos”.

Veo como si fuera hoy a Muhammad Alí cruzando la Strip para alcanzar el lobby del hotel Sunset donde una multitud hacia una larga y paciente fila con tal de lograr un autógrafo bajo su sonrisa ausente.

También asaltan mi memoria el mal momento que debió soportar Andrés Cantor –el más prestigioso y popular relator de futbol de los Estados Unidos, por entonces compañero de El Gráfico- cuando saltó el cordón de seguridad para hacerle una foto de frente a Hagler saliendo del ascensor. En menos de un segundo cuatro enormes guardias de la seguridad del Caesars lo tomaron de la base de sus codos hasta llevarlo en vilo a un lugar bien distante… Todo por una foto.

Y la noche anterior a la pelea asistimos al sexto casamiento de Jake LaMotta, una leyenda. Se realizó en la zona de la piscina del Caesars Palace y reunió a todos los invitados bajo el auspicio de la cerveza Budweiser que era sponsor oficial del combate. Por entonces Jake tenía 62 años y había consumado una vida tormentosa. La biografía de Jake inspiró el personaje de la película “Toro Salvaje” que fue dirigida por Martin Scorsese (1980 ) y protagonizada por Robert De Niro.

Recuerdo que esa noche estaban Muhammad Alí, James Coco, Bo Derek y su esposo John, Vitas Gerulaitis, Tito Lectoure, Cher, Sylvester Stallone, Liberace, Martillo Roldán, Roy Scheider, Don King, Sugar Ray Leonard, Magic Johnson, Miguel Díaz, Tito Lectoure, John Rivers entre tantos.

Las estrellas de aquella noche continuaron sus vidas. Tommy siguió peleando hasta el 2006 acumulando títulos mundiales pues al de los Welters y Superwelters le agregó el de los Mediano, Semipesado y Crucero. Marvin en cambio solo hizo dos combates más: frente a John Mugabi y ante Sugar Ray Leonard (1987) quien le ganó con discutido fallo tras un combate memorable, el último de su brillante carrera.infobae-image

Hearns no disfrutó de los 45 millones de dólares que ganó con el boxeo; por el contrario en 2010 comenzó a subastar gran parte de su patrimonio y valiosísimas reliquias personales (trofeos, cinturones, medallas, autos, relojes, anillos) para cancelar una gigantesca deuda con el fisco por gravámenes impagos de sus residencias en Detroit, Las Vegas y Phoenix al hacerse cargo de lo que él definió como “una familia extendida”. Está fundido. Vive austeramente en Southfield, en los alrededores de Detroit y a sus 62 años ha logrado que la esquina de McGraw y Junction lleve su nombre ( “Thomas Hitman Hearns”) justo enfrente del gimnasio Kronk, lugar donde Emanuel Steward lo formó como hombre, boxeador y campeón de época.

Marvin Hagler, quien hoy tiene 66 años reside en una lujosa “vila” en las afueras de Milán junto a la italiana Kay Guarino, su segunda mujer. Igualmente suelen pasar temporadas de primavera o invierno en una residencia que Marvin posee en New Hampshire, Estados Unidos. El ex campeón mundial pertenece a la Academia “Laureus” de Montecarlo – cuya figura máxima es el Principe Alberto de Mónaco- y el objetivo principal es impulsar el deporte como herramienta de inserción social en diferentes lugares del Mundo. Filmó las películas “Indio”, “Noches de miedo”, ”Virtual Weapon” y le gustaría protagonizar alguna otra. Mientras tanto es voluntario para dar charlas contra el acoso sexual, el destrato, la violencia de género, la agresión doméstica, la prepotencia, la violación y el abuso. La última – al parecer muy encendida- la ofreció en Secondigliano, un pueblito cercano a Nápoli.

Qué delicia poder evocar lo que ningún tiempo borrará.

Ahora sabemos que aquella noche de hace 35 años Hagler no subió al ring para boxear contra Hearns sino para pelear por una vida mejor.

Y esa también la ganó por nocaut.

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La bella y triste historia del cartonero que hace 54 años se consagraba ídolo y campeón mundial de boxeo

El anciano transcurre el crepúsculo morado de sus días sin horas fijando la vista en un punto distante.

Las arrugas de su rostro le han borrado las expresiones de sus emociones elocuentes. Bueno…, casi todas diríamos, pues le queda una verruga pequeña blanquecina y circular en el final de su pómulo derecho que resiste a la máscara de su cara buena.

Su cuerpito módico y frágil descansa en un sillón inmóvil al cual no parecieran llegar ni voces ni sonidos.

Qué pena tan grande que no podamos evocar juntos parte de sus 85 años con tantas noches de gloria y tantos días de lucha.

Horacio Accavallo y sus cuatro hermanos eran hijos de un inmigrante italiano nacido en Pietrapertosa, un pueblito de 1314 habitantes en la región de Basilicata, más precisamente en la provincia de Potenza, pero a él – cuando podía, hasta hace unos años – no le gustaba hablar sobre esto pues era como que le avergonzaba repetir la historia de la familia pobre obligada a los trabajos abyectos. En cambio se sentía orgulloso si tal historia se particularizaba en él por que después del ciruja y del cartonero nocturnal del caballo flaco y el carro quejoso, vendrían los sueños, la lucha, la vida, el boxeo, el deportista, la consagración, la fama, el dinero, la corona mundial, la propia familia, los negocios, la conducta intachable, el matrimonio, los propios hijos, la tragedia, el dolor y el retiro como ejemplo para todos los demás.

Tal como lo escribiera Homero Manzi en su inmortal tango “Sur”, a Horacio Accavallo- “Roquiño”- se le hizo cierto “todo el cielo de Pompeya” donde el pibe que revolvía la basura desde Parque de los Patricios hasta Villa Diamante (Valentin Alsina) habría de ir convirtiéndose en lustrabotas, botellero, canillita, cadete y vendedor hasta alcanzar ser admitido en el circo Sarrasani como faquir, saltimbanqui, equilibrista y trapecista; o sea, una escala laboral y social que le mejoraba la vida.

En el medio había quedado su ilusión de ser el wing izquierdo de Racing, el club del cual es hincha. Se probó, según me dijo varias veces, pero Cacho Giménez quien era el técnico de las inferiores no lo aprobó a pesar de la habilidad de su zurda para gambetear “pues era demasiado chiquito para ser profesional”; siempre midió 1.56 y en esa época pesaba lo que un mosca: alrededor de los 51 kilos.En 1966, con Tito Lectoure, Norberto Fiorentino (anunciador de ring del Luna), Nick Pope (juez) y Héctor Vaccari ( manager). En 1966, con Tito Lectoure, Norberto Fiorentino (anunciador de ring del Luna), Nick Pope (juez) y Héctor Vaccari ( manager).

El boxeo, entonces, se le presentó como una alternativa y de la mano del maestro José Ricardi de Lanús aprendió rápido a invertir su guardia de zurdo y mecanizar todos los movimientos aportando su natural inteligencia para saber administrar energías y distribuirlas sabiamente. Horacio Accavallo siempre fue un estratega sobre el ring y tal virtud sumada a su guapeza consciente lo impulsaron para realizar una campaña extraordinaria pues en una década –1956 a 1966- y con 70 peleas a cuestas, logró la corona mundial de los moscas en Tokio ante Katsuyoshi Takayama cuando ya había cumplido 30 años.

Lindo hubiese sido recordar juntos aquel acontecimiento histórico del cual hoy se cumplen 54 años. El inalterable recorrido de la memoria nos empujaría nuevamente a escribir cosas tales como:

“Brillante faena la de Horacio ante Takayama. Su condición de zurdo le permitió comenzar a dominar el combate desde cuarto asalto con una extraordinaria labor en el quinto y desarrollar armoniosamente sus salidas laterales. Takayama, en consecuencia, tenía verdaderas dificultades de traslado. Y aquella derecha en punta de Accavalo, eran como golpes de pistón acerado”.infobae-image

“Lo más difícil seria la administración de energías. Horacio llegaba con muchas dificultades para dar el peso. Puesto que no podía ingerir líquidos para no aumentar de peso empapaba un poco de algodón y se lo pasaba por los labios. A veces lo estrujaba en las encías para tener la sensación de la boca humedecida. Llego bien, pero con privaciones a los 50 kilos y 800 gramos (112 libras) que marcan el límite de la categoría».

“Los últimos rounds fueron de coraje e inteligencia. El boxeo argentino no tuvo boxeadores más inteligentes que Accavallo. Sabía todo. Calculaba y administraba sobre sus fuerzas y las que les leía a los rivales. Y difícilmente tomaría riesgos absurdos. Por eso el último segmento, entre el 10 y el 15, fue una maravilla estratégica. Conocía los límites de las fuerzas y el riesgo. Y los jurados, al igual que el público, siempre quedaban observando a un púgil dinámico, contestatario, resuelto que en los primeros treinta segundos y en los últimos veinte de cada asalto, se mostraba entero, rítmico y veloz” .

El triunfo por puntos, aún en fallo dividido (73-69 y 74- 67, las dos tarjetas a su favor contra una tercera de 71- 70 para Takayama), fue apoteótico. Lágrimas, euforia, gente en las calles en la mayoría de pueblos y ciudades del país. Sí, aquella mañana de hace 54 años marcaba un episodio de evocación imborrable. Era la época en que el deporte hacia simbiosis con la identidad. Accavallo, como Pascualito –nuestro primer campeón mundial- , como Fangio, como los Gálvez, como los campeones mundiales de básquetbol del 50′, como Juan Carlos Zabala, como Delfo Cabrera (ambos ganadores de las maratones olímpicas del 32 y del 48 respectivamente), como Don Roberto De Vicenzo, se unían a nuestro orgullo y aunque estuviéramos lejos en el tiempo y en el conocimiento, ellos eran argentinos. La gente los amaba. Y sus fotos en grandes y coloreadas láminas de El Gráfico no faltaban en las paredes de los hogares, los talleres o los comercios, cual símbolo de bella gratitud. Millones de personas nacieron y murieron amando incondicionalmente a ídolos que jamás pues la televisión era “paleozoica” y aún no transmitía en vivo.Dos campeones se saludan. Látigo Coggi saluda a Horacio Accavallo en una de las últimas imágenes públicas del pequeño gigante. Dos campeones se saludan. Látigo Coggi saluda a Horacio Accavallo en una de las últimas imágenes públicas del pequeño gigante.

Eran tiempos de romántico lirismo y en nuestro país los héroes deportivos que llegaban de regreso con la victoria, se convertían en modernos Césares al volver a Roma tras una nueva conquista. Desde Ezeiza hasta el Luna Park, la Richieri, la General Paz, Juan B Justo y por último Corrientes se transformaban en una moderna Via Appia Antica. En el camión de los Bomberos Voluntarios de Lanús y saludando a las decenas de miles de personas que lo aclamaban a su paso, iba el cartonero, el lustrabotas, el botellero, el canillita, el cadete, el faquir, el saltimbanqui, el equilibrista y el trapecista de circo; en definitiva iba el nuevo campeón del Mundo.

Qué pena tan grande que el decadentismo no nos permita volver a reírnos.

Es que este hombre fue el único boxeador que cuidaba, administraba y perfilaba negocios con enorme austeridad y visión. Fue así que llegó a tener 32 locales de venta de indumentaria deportiva, creó una fabrica de calzado (Jaguar) y nunca dejó de percibir negocios ocasionales. Una tarde en la que se hallaba discutiendo el contrato de su segunda defensa ante el mexicano Efraín “Alacrán” Torres y al no ponerse de acuerdo con el Luna Park, le propuso a Ernestina de Lectoure –la dueña quien habló con un solo boxeador en su vida y ése fue Accavallo-, lo siguiente:

-Ernestina, está bien, acepto el 25% de la recaudación en lugar del 30%, pero si le gano al mexicano, ¿me vende las butacas viejas que tiene en el depósito?.

Fue durísima aquella pelea: Accavallo cayó y sufrió una herida en la ceja; no obstante se impuso legítimamente tras 15 asaltos dramáticos y vibrantes que enloquecieron a la multitud. Al llegar hasta su camarín, Tito Lectoure lo abrazó emocionadamente. Fue entonces cuando el campeón aún sangrante de su ceja, le preguntó:

-Tito, las butacas viejas del Luna que me regaló tu tía, ¿las vengo a buscar mañana que es domingo o directamente el lunes? Y se respondió asimismo y ante el asombro de los presentes: “mejor el lunes, ¿no? El campeón no sólo peleaba sus contratos, también aprovechaba hasta para hacer negocios con la chatarra de los Lectoure, como cuando se ganaba la vida de chatarrero antes de hacerse profesional.El campeón no sólo peleaba sus contratos, también aprovechaba hasta para hacer negocios con la chatarra de los Lectoure, como cuando se ganaba la vida de chatarrero antes de hacerse profesional.

Fue el único boxeador a quien Tito consideró amigo y fue por ello que le permitió el tuteo, la mesa compartida y las noches sin reloj. Además admiraba sus conductas y se emocionó hasta el último día cuando tras un entrenamiento de cara al combate programado por el campeonato del Mundo frente al brasileño Manuel Severino (Octubre del 68) se le puso delante en su propia oficina y le anunció: “ Tito, no voy a pelear contra el brasileño, lo siento, no voy a pelear más…”.-

-¿Qué te pasó Horacio?, le preguntó el promotor. Y su respuesta fue: “Tito estoy notando que me pegan muchachitos que antes no me hubiesen llegado; estoy lento y prefiero retirarme siendo campeón del Mundo y no defraudar a la gente que pagará para alentarme y verme ganar.-

Lectoure lo felicitó, les devolvió el dinero que se llevaba recaudado a aquellos que ya habían comprado su ticket y esa actitud de dignidad de Accavallo fue contada admirativamente siempre por Tito ante otros empresarios y periodistas del todo el Mundo pues solo Rocky Marciano antes y Carlos Monzón después – a quien Accavallo le taladró la cabeza- ofrecieron el mismo ejemplo.

Sostiene Horacio: “Si me retiro con la corona siempre seré campeón del Mundo…”. De hecho, lo es, lo sigue siendo.

Vamos a cenar Horacio como después de cada sábado de Luna durante 20 años. Vamos con Tito, con el “Tordo” Paladino, con Jorge Morales…

Vamos para La Raya, para La Strega, para Corrientes 11, para Los Años Locos, para Cosa Nostra, para la Cantina de David, para lo de Luiggi, para El Farol, para La Scoppa, para Albamonte…

Arranquemos que después haremos recalada en el Caño 14 donde nos esperan Pichuco (Troilo) y el Polaco (Goyeneche).La tapa del día que ganó el título del mundo frente a Takayama.La tapa del día que ganó el título del mundo frente a Takayama.

Si, ya sé… querés darte una vueltita por Horizonte (el mejor restaurante árabe de la época) para saludar a tus amigos y clientes del Once, ver a las odaliscas y brindar con champagne. Bueno, vamos Horacio, dale, vamos.

Sobre el sillón inmóvil reposa el anciano ausente.

No sabe que hoy cuando se cumplen 54 años de su consagración como campeón mundial conmemoramos tristemente los 18 años de la muerte de Tito, un inolvidable amigo.

Cuánta felicidad había en ese rincón aquella noche de Tokio, ustedes dos juntos celebrando.

Cuánta tristeza en este domingo de Buenos Aires, uno se nos fue y dentro de la taza que sostiene el otro, el agua reposa muerta

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La única entrevista exclusiva para la Argentina que dio Muhammad Alí en su hora más gloriosa

Podría cerrar los ojos y volver a ver aquellos rostros o escuchar de nuevo todas esas voces. El hecho siempre me resultará inolvidable. Este reportaje a Muhammad Alí me ha acompañado como una bendición a mi trayectoria. No sería la primera vez que alternaría con el más grande boxeador de todas las épocas, pero sí disfrutaría del privilegio de dialogar distendidamente cara a cara durante tres días en sesiones previstas de quince minutos cada una que naturalmente se fueron extendiendo.

Le había preguntado algunas cosas antes y después de la pelea contra Ringo Bonavena (Nueva York, 7-12-70). Y también tuve la fortuna de seguir cubriendo sus peleas para la revista El Grafico: Floyd Patterson (Nueva York, 20-9-72), George Foreman (Kinsasha, 30-10-74) donde además fui invitado a su cabaña y conocer a Norman Mailer, Chuck Wepner, la musa inspiradora de Rocky (Ritchfield, Ohio, 24-3-1975), Joe Frazier (Manila, 1-10-1975) y antes de cubrir sus dos últimos combates frente a León Spinks (Nueva Orleans, 15-9-1978) y Larry Holmes (Las Vegas, 2-10- 1980), fui designado para comentar ésta ante el uruguayo Alfredo Evangelista en Landover, Maryland. Tal oportunidad sirvió para concretar esta entrevista, la única realizada en forma exclusiva por un medio argentino a Muhammad Alí en su pleno apogeo.

Y se concretó gracias a la ayuda de mi entrañable amigo Alberto Oliva –quien por entonces era corresponsal de la Editorial Atlántida en los Estados Unidos– ya que su gestión, presencia y traducción resultaron fundamentales. Las entrevistas comenzaron a las 10 de la mañana de los días 10, 11 y 12 de Mayo de 1977 en la suite del Sheraton Hotel que ocupaba Muhammad Alí.

La nota publicada en la edición 3008 del 31 de mayo de 1977 llevaba como titulo: “Sabio, bufón, genio, mentiroso, mito… decídalo usted”, la firmé con mi seudónimo Robinson y comenzaba así:

“Faehue, su camarero personal se fue acercando lentamente con el plato blanco de porcelana donde media sandía se balanceaba inclinando su jugo hacia un lado y hacia el otro. Una vez que la dejó en manos de Alí el obeso y sonriente el mesero se fue de la suite. Tal vez su misión del día ya estuviese cumplida: llevarle la porción de sandía al campeón luego de su entrenamiento. Alí no le dijo gracias; tomó el tenedor, lo hundió hasta la costra blanca y cual chico disfrutando de un caramelo comenzó a comer aquella sandía jugosa. Mientras la masticaba, sin perder ceremoniosidad, nos dijo: “Bueno, bueno, ya están aquí, pregunten…”, al tiempo que manducaba con cierto sonido como si el paladar le oprimiera los dientes. Casi al terminar, un ligero eructo le recorrió el aparato digestivo y no se esforzó por disimularlo demasiado».El autor de la nota en diálogo con Muhammad Alí, 46 años atrás en la habitación del Sheraton donde se concentraba para pelear frente al uruguayo Alfredo Evangelista.El autor de la nota en diálogo con Muhammad Alí, 46 años atrás en la habitación del Sheraton donde se concentraba para pelear frente al uruguayo Alfredo Evangelista.

— Perdón Muhammad, comencemos: a esta altura de su vida, ¿qué ha sido cierto y qué ha sido mentira?

— El verdadero Alí es un hombre espiritual, un religioso… Le voy a hacer una comparación que me pinta mejor: yo soy el anzuelo en que se engarza la carnada que come el pez. Se lo explico mejor: el pez es la gente, la carnada es el Alí boxeador y el anzuelo el Alí verdadero, el espiritual. Cuando la gente cree comerse al bufón se está comiendo al predicador, está recibiendo la palabra de Dios, en tanto yo soy un simple vehículo de Dios. Mientras los imbéciles de los periodistas se dedican a tomar en chiste mi palabra, millones de personas las están recibiendo en todo el mundo como un mensaje sincero y profundo. La gente cree en los mitos y le gustan. La gente gusta de Tarzán, de Drácula, de Superman. Hemos gastado dos mil millones de dólares para traer piedras de la Luna. Ahora gastaremos cuatro mil millones para ir a Marte; cuando lleguemos a Marte diremos Júpiter. Y la gente se enloquece porque disfruta de estos misterios. Pues bien: yo soy el Tarzán del boxeo, el Superman del boxeo, el Drácula del boxeo, el gran mito del boxeo. La gente viene a buscar a ese boxeador mito y se encuentra con un filósofo, con un profesor.

Siguió comiendo la sandía. Cuando terminó se limpió los labios con el antebrazo derecho. Las últimas tres semillas las escupió en el plato diciéndole a su fiel Faehue: “Más viejo, tráeme más… ”. Hacía media hora había terminado su penúltimo entrenamiento antes de pelear con el uruguayo Alfredo Evangelista. Estábamos en su suite y advertimos que la transpiración no lo transita, antes bien se posa en su piel. Y los rasgos distinguidos de su rostro son reales ya que el labio inferior es ligeramente rosado y el superior no tiene el grosor ancestral: son labios finos. Valía la pena aprovechar su relax para lanzar la próxima pregunta:

— Muhammad, hoy en la plenitud de su celebridad y de su fama, ¿siente aún que hay discriminación?

— Cuando era niño no entendía lo que pasaba. Jesús era blanco, los ángeles eran blancos, Tarzán el rey de la jungla era blanco, Miss Estados Unidos era blanca. Quería tener una escopeta y tirar al cielo para ser escuchado. Hasta los 18 años no supe bien qué pasaba. Ya era boxeador y creo que lo fui por eso, para que alguien supiera que yo estaba en el mundo. Después conocí a Wallace Muhammad, un predicador. El es hoy es mi mejor amigo: me hizo entender que Dios estaba en mí como todos y que sería alguien en la vida si mejoraba lo que me gustaba y pensaba en los demás para compartirlo. La vieja lucha entre blancos y negros que sufrí de niño y adolescente en Lousville, para mi terminó.

— ¿Qué porcentaje de corazón y qué porcentaje de intelecto componen su personalidad?

— El ochenta por ciento de corazón y el veinte por ciento de intelecto.

— ¿A qué ex retador a su corona le haría el homenaje de su reconocimiento?.

— A Floyd Patterson: fue un campeón fenomenal; un científico que pensaba, que pegaba y sabía todo. De él aprendí muchísimo.-

— ¿Se apiada usted de sus rivales? ¿Siente compasión por ellos?

— Sí, pero durante la pelea; antes no.

— ¿Qué piensa cuando tiene a un adversario a sus pies, vencido, herido, sufriente?

— Ruego a Dios que no tenga lesiones graves.

— ¿Cuándo cree usted que Alí dejará de ser noticia?

— Es imposible que yo deje ser noticia. Dondequiera que vaya atraigo multitudes. Me voy a casar el 19 de junio próximo y todo el mundo verá la boda por televisión y por las fotos. No puedo encontrar un lugar en el mundo donde ir, donde tener cierta privacidad. Pensé en un país hispano, pero igual sería un desastre. ¿Cuántos personajes en el mundo pueden ser reconocidos por cualquiera en la calle? ¿Cuántas celebridades pueden llegar a un lugar sin necesidad de decirle al chofer del taxi, al botones del hotel, al funcionario de Inmigraciones quién es uno? Yo nunca dejaré de ser noticia porque yo más que un hombre: soy un mito.Muhammad Ali frente Joe Frazier en la pelea que se hizo en Filipinas en 1975.Muhammad Ali frente Joe Frazier en la pelea que se hizo en Filipinas en 1975.

Cuando se dio cuenta que había hecho el anuncio de su próximo (tercero) matrimonio llamó a Verónica Porsche, madre de Hana, quien va a cumplir seis meses. Verónica apareció humilde en un extremo de la habitación y le preguntó a Muhammad qué quería: “Ven aquí, debo decirte algo al oído”

Verónica dio los seis pasos hasta el sillón donde estaba el rey y acercó su oído. El pantalón rosado le ajustaba las caderas armoniosas. Apenas un leve maquillaje y una blusa cerrada de arriba a abajo. Ninguna joya en sus manos más que una fantasía africana en la muñeca derecha. No olía a fragancia francesa y sentía vergüenza de haber provocado el silencio. En ese momento se veía a Esciot, la niñera, cuidar de Hana en sus brazos y a Lana la cocinera de Alí en plena tarea. Eran las tres de la tarde y el campeón comía una sola vez al día alrededor de las cuatro y media. Un nuevo chequeo había recomprobado el poco nivel de azúcar en la sangre y el avance de su artritis que lo obligaba a ingerir la menor cantidad de carne posible. Ese día Lana estaba preparando un plato de pescado en el horno en la cocina de la suite. El olor a pescado, el llanto de Hana, la placidez de nosotros sentados cómodamente y un Alí verborragico y dispuesto, daban un clima cordial que nos impulsaba a avanzar en nuestras preguntas hasta donde pudiéramos. La cita concertada había sido de quince minutos. Llevábamos más de media hora. Pat Patterson, el jefe de la custodia de Alí, un ex policía de Chicago capaz de atravesar cualquier blindaje y su ayudante James Cheriff miraban insistentemente el reloj parados con los brazos cruzados delante de la puerta como diciendo basta. Mientras ellos mascaban chicles, Alí nos respondía las preguntas. Y cada vez que volvían a mirar sus relojes, Muhammad exclamaba: “Okey, última pregunta por hoy y mañana continuamos… Última pregunta por hoy”

— ¿Qué cosas lo irritan, señor Alí?

— Los hipócritas, los que dicen la palabra de Dios sin creer en ella. Y no sólo sin creerla, sino también sin llevarla a la práctica. En una conferencia que se llamó “Las verdaderas causas del malestar de los hombres” explique la razón por la cual hay tanto crimen en la actualidad, tanta violencia, tantos robos, violaciones, prostitución y corrupción, drogas, énfasis en el sexo y sus deformaciones placenteras; es porque falta la presencia de Dios en la conciencia humana. Inclusive en las iglesias se predica la palabra de Dios pero no se la ejecuta. Si uno mira bien y quita al hombre del cuadro verá que hay perfecta armonía en el resto del Universo: hay paz en el agua, paz en las estrellas, en los peces, en los animales, en toda la creación, excepto en ese animal racional que es el hombre. El hombre ha roto todo lo que no entiende porque no se ha dejado llevar por Dios. ¿Y cómo puede un hombre, si está lleno de defectos e imperfecciones, por propia definición, guiar bien a otros hombres si no tiene dentro de sí los elementos que necesita para guiarse a sí mismo? El hombre ha exagerado demasiado sus propios conocimientos y poderes. No se da cuenta que es apenas un punto sin importancia y temporal en el tiempo y en el espacio. Ningún presidente ni ningún político pueden arreglar el problema de mi país y de muchos países si la gente no vuelve a Dios. Volvamos a él, lo encontraremos mirando un pájaro, leyendo la Biblia o el Corán o besando a alguien a quien queremos. Tenemos que pensar menos en las leyes de los hombres y mucho más en la ley de Dios. Miren este país, es el mejor del mundo, aquí todo funciona bien y tiene poder económico. Pero por dentro está podrido porque ha perdido a Dios, ha perdido sus objetivos.

— Campeón, ¿hay alguna palabra que defina su fe en Dios?

— Este año voy a ganar 14 millones de dólares. Tiene que haber Dios. . . Hasta mañana.

Después de cenar, el Sheraton nos ofrecía la clásica noche alegre del hotel: un conjunto musical en la boite, una barra casi a oscuras, el lobby lleno de gente que va y que viene, cabaret atestado, un cumpleaños de 14 y un casamiento en el 8° piso. La mezcla de toda esa gente con los tragos reiterados nos ofrecía el olvidado marco de aquellos corsos multitudinarios. ¿Dónde habrá alguien del grupo de Alí?

Nos sentamos a ver el espectáculo del tránsito humano y llegó hasta nosotros como caído del cielo Doug Meland; un flaco de ojos saltones y barba escandinava, quien era el maestro de magia de Alí. Le estaba enseñando trucos con las barajas y era uno de los más cercanos al rey. Doug llegó sonriente y nos dijo: “Eh, ustedes, muy bien. Gran historia podrán escribir; Muhammad está encantado porque preguntaron muchas cosas profundas. Muy bien muchachos, muy bien. . . Les haré unos pases de magia”. Y la verdad que fueron diez minutos muy entretenidos. Lo principal lo sabíamos: Alí seguiría con el reportaje, tal como estaba acordado, dispensándonos 15 minutos por día durante tres días seguidos de manera exclusiva.

Todo estaba igual al siguiente día, el segundo. Solo que no había olor a pescado pues Muhammad comería un bife con ensaladas. Antes de comenzar, mientras él tomaba la ducha, pues veníamos del entrenamiento realizado en el mismo hotel, conté los frascos de vitaminas: doce. Alcancé a leer: “gelatinosa para la consistencia muscular interna”, con “hierro para la dinámica”, “con no sé qué para desfatigar la mente”. Doce frascos de vitaminas. Una cápsula de cada una – por lo menos – por día. Ángelo Dundee, que nos ayudó mucho con su característica generosidad, estaba esta tarde con nosotros. Y también el flemático Jeremías Shabazz, administrador asistente de Alí. Esta vez teníamos más testigos.

— ¿Por qué hay tan pocos boxeadores en los Estados Unidos?

— Porque son muy haraganes los boxeadores de hoy. Quieren hacer dos peleas y ser estrellas. El comercio de la televisión le ha hecho muy bien al negocio de los grandes, pero mucho daño al boxeo en sí.

— ¿Se considera modesto?.

— Yo no divido a los hombres en modestos o arrogantes, sino en los que dicen la verdad y en los que mienten. Yo digo la verdad; no hay ningún deportista o atleta en el mundo moderno que sepa tantas cosas y pueda decirlas como yo. ¿Es cierto o no? Entonces, ¿qué me importa si eso suena a modestia o a falta de modestia?. Lo principal es ser fiel a uno mismo.Decía Alí que él no dividía a los hombres según la arrogancia, sino solo si decían la verdad o mentían. (AP)Decía Alí que él no dividía a los hombres según la arrogancia, sino solo si decían la verdad o mentían. (AP)

— ¿Qué campos del conocimiento domina usted señor Alí?

— Muchos. Me han invitado a dar cátedras de filosofía en diferentes universidades. Permanentemente soy requerido para dar conferencias. Hasta ahora he dado conferencias sobre temas como: “La tragedia de la vida”, “El arte de la personalidad”, “La amistad” y “El corazón”.

— ¿Podría definir brevemente cada uno de estos enunciados? ¿Qué es “La tragedia de la vida” ?

— No darse cuenta que no se llega nunca, que siempre se está en el camino.

— ¿“El arte de la personalidad”?

— Es uno viviendo, escuchando y aprendiendo de los demás. Luego y por cierto hay que desarrollar a la criatura que llevamos dentro.

— ¿“La amistad”?

-Es una acción automática, inconsciente. Es algo que influye sin ensayo previo en total estado de inocencia. Uno tiene los amigos que se ocupa en sembrar. –

— ¿Su mejor amigo?

— Dios y Wallace Muhammad, mi maestro.

— Finalmente, ¿qué es “el corazón”?

— Es el freno del intelecto. La piel humana tiene un inmenso poder. Más grande que cualquier filosofía, tan grande como cualquier inteligencia. La piel es la vena del corazón.

— ¿Qué es el periodismo y quienes somos los periodistas para usted?

— Todo lo que sé, es que son trabajadores y por lo tanto merecen ser respetados. Eso en primer lugar. Algunos son buenos y otros son malos. Es común a todas las profesiones del intelecto. Pero los periodistas hacen la historia y gracias a ellos el mundo sabrá mañana lo que ha pasado hoy. Todo lo que el pueblo quiere saber lo sabe gracias al periodismo. Todos sabemos ayudar a que la gente sepa la verdad. Watergate es un ejemplo de la importancia del periodismo.

— A usted, particularmente el periodismo, ¿lo perjudicó o lo benefició?

— Quiero contestarle algo más de la pregunta anterior. Para mí el ochenta por ciento de los periodistas son buenos y el veinte por ciento son malos. Pero aún los buenos tienen sus bajones porque es difícil escribir algo original todos los días. Malo o bueno, no importa. El asunto es que encuentren en mí el pan de cada día. Hay otra cosa: no importa cuán bueno o malo sea un artículo o una noticia pasada, vieja. Por lo tanto, nada de lo que digan los periodistas me molesta.Un afiche de promoción de la pelea con Sonny Liston cuando aún se llamaba Cassius Clay.Un afiche de promoción de la pelea con Sonny Liston cuando aún se llamaba Cassius Clay.

— ¿Qué es el boxeo para usted? Defínalo rotundamente, ¿puede?

— Todo el mundo sabe mi pensamiento: el boxeo es un medio para presentar al otro Alí, aquel de la carnada que le dije ayer. Dios me usa a mí y a mi fama y a mi título y a mis triunfos para poder llegar hasta la gente y que yo predique su palabra. Yo no peleo por dinero, por gloria, ni para mí. Pero ocurre que vivimos en un mundo que si uno no tiene ni fama, ni dinero, ni prestigio, nadie lo escucha. El boxeo me ha dado todo eso y me ha provisto de un don especial para que la gente me escuche. Es todo.

Howard Bingham, fotógrafo personal de Alí que viaja a todos lados con el campeón, puso la voz en el ámbito: “¿Falta mucho, Muhammad?”, preguntó intencionadamente.

— No, ya estoy listo.

Estaba previsto que a los quince o veinte minutos alguien del grupo apareciera y dijera: “Es la hora”, pero más disimuladamente. Así pues, quedamos en terminar nuestra entrevista al día siguiente.

— Eso sí, replicó Alí, mejor será por la mañana.

Siempre hay que dejar para el final las preguntas más complicadas. Si el reporteado se enoja, el reportaje quedará asegurado con todo lo dicho anteriormente. La verdad es que me temblaba un poco la voz cuando encaré hacia la parte final del reportaje en esta tercera sesión. Fue entonces que elegí la pregunta más accesible -entre las difíciles – para empezar:

— ¿Cree que puede haber integración religiosa?

— Escuchen esta cita religiosa: “Ríos, lagos y arroyos todos tienen nombres diferentes pero todos contienen agua”. Así también las religiones tienen diferentes nombres, pero todas contienen la verdad expresada de diferentes maneras. Cada religión tiene su profeta, pero lo que ellos enseñan y predican lo aprendieron del mismo Dios que está por encima de todos ellos. Dios no está limitado a Jesús, Moisés o Mohammed, los abarca a todos. Las religiones se integrarán.

— Champ, usted ganó cinco millones de dólares por pelear con Foreman en Kinshasa, ¿cuánto le quedó limpio?

— La mitad de los cinco millones fueron para el gobierno. Medio millón para gastos y un tercio para mi entrenador. En total me quedaron un millón trescientos mil dólares. De los cuales tuve que darle a mi antigua esposa una parte, pues estábamos en trámite de divorcio.Con referentes musulmanes en Londres, en 1966. Para el mejor peso pesado de la historia "cada religión tiene su profeta, pero lo que ellos enseñan y predican lo aprendieron del mismo Dios que está por encima de todos ellos".Con referentes musulmanes en Londres, en 1966. Para el mejor peso pesado de la historia «cada religión tiene su profeta, pero lo que ellos enseñan y predican lo aprendieron del mismo Dios que está por encima de todos ellos».

— ¿A qué cosas les teme?

— A los relámpagos, a las turbulencias. Cuando escucho y veo relámpagos quisiera que mi madre estuviera a mi lado. Me gustaría apoyar mi cabeza en su pecho. Sentirme protegido.

— ¿Y a la muerte?

— No le temo. Pero sí tengo miedo a no estar preparado cuando me toque la hora. Todos somos imperfectos y por eso no iremos al cielo. La idea de ir al infierno, a pesar de que estoy haciendo lo posible por mejorar mi alma, me aterra. La vida es apenas una prueba para saber adónde nos asignarán: si arriba o abajo. Pero prefiero el infierno a la nada. Me pone muy mal pensar en la nada.-

— ¿Es usted feliz, señor Alí?

— Mucha gente confunde la felicidad con el placer. Son cosas distintas. El placer es solamente una ilusión, una sombra de la felicidad. Muchos hombres viven engañados con esa ilusión y se pasan la vida a la sombra de la verdad. Todo placer parece ser felicidad, pero no toda felicidad es placer. Quien es realmente feliz lo es donde sea y en cualquier circunstancia. Es un estado que no depende tanto de factores exteriores o artificiales como del mundo interior y de la claridad de objetivos de cada uno. Entonces, alguien así es feliz en la riqueza y en la pobreza, porque ha descubierto la fuente de la felicidad. Yo descubrí esa fuente y soy feliz.-

— ¿Y Dios, qué es?

— Es como un gran hospital que admite toda clase de gérmenes. . .

El próximo 3 de Junio se cumplirán cuatro años de la muerte de Alí quien desde algún lugar sabe que no se ha ido hacia su temida nada; sigue en el espacio inamovible de una sublime eternidad cual bella y conmovedora estatua de ébano.

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Murió Leon Spinks, el ex infante de Marina que le ganó a Muhammad Ali

Hasta el 15 de febrero de 1978 era un desconocido. Pero ese día Leon Spinks consiguió la inmortalidad al vencer a Muhammad Ali por el título mundial del peso pesado del Consejo Mundial de Boxeo (CMB). Fue por puntos y en el ocaso del legendario boxeador, pero no por eso le quitó mérito a su hito. Casi 43 años más tarde, el 5 de febrero murió luego de varias complicaciones con su salud a la edad de 67 años.

Fue el viernes, pero recién hoy informó su deceso Firm PR, la empresa de relaciones públicas que lo representaba a Spinks, que había sufrido de cáncer de próstata otros tumores durante cinco años. Falleció teniendo a su lado a su esposa Brenda Glur Spinks, detalló la citada firma. Su familia anunció en diciembre de 2019 que había sido hospitalizado para recibir tratamiento por cáncer de próstata que se había extendido a la vejiga.

El ex boxeador nació en San Luis el 11 de julio de 1953 y fue infante de Marina entre 1973 y 1976. A esa altura ya empezó a pelear de forma amateur y en 1976 ganó una medalla de oro en el peso semipesado en los Juegos Olímpicos de Montreal. Al momento de su primer combate contra Ali en Las Vegas, había disputado solo siete peleas en su carrera profesional. Leon tenía 24 años y el veterano campeón, 36, y estaba en el ocaso de su histórica carrera.

Fue un combate de 15 asaltos y le proporcionó un duro castigo Ali en los últimos segundos del combate, dejándolo sin reacción. La decisión dividida fue para Spinks, quien mostró su famosa sonrisa de dientes separados después de convertirse en el único luchador en quitarle un título a Ali. De repente, el sorpresivo protagonista se convirtió en el campeón mundial de peso pesado, proclamando la memorable frase: “No soy el más grande. Solo el último”.PlayPelea Leon Spinks y Muhammad Ali

Aquel mítico combate fue el punto culminante de la carrera de Spinks ya que, primero, fue despojado del título del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) por negarse a defenderlo ante el principal contendiente Ken Norton. En cambio, eligió una revancha contra Ali, quien recuperó el título de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) en una decisión unánime, siete meses después de su primera pelea, y que sería la última victoria de su carrera.

Spinks peleó una vez más por el título del peso pesado, en junio de 1981, con derrota por KO técnico ante Larry Holmes y el cinturón del CMB en juego. Luego descendió a la división de peso crucero, pero perdió su única oportunidad por el título ante Dwight Muhammad Qawi en un nocáut técnico en el sexto asalto, en 1986. Spinks se retiró a los 42 años después de perder por decisión unánime ante Fred Houpe, en 1995, y terminó su carrera con un récord de 26-17-3 (14 nocáuts).

Tras participar también en lucha libre y las artes marciales mixtas más adelante, Spinks se enfrentó a problemas financieros y médicos. Después de mudarse a Las Vegas, Spinks se casó con Brenda, en 2011. Los dos fueron vistos a menudo en actividades relacionadas con el boxeo, incluida la entrada de Spinks en el Salón de la Fama del Boxeo de Nevada en 2017.El boxeador Cory Spinks (i) recibe un abrazo de su padre, el ex campeón de medio peso Leon Spinks tras perder una pelea. EFE/MIKE BROWN/Archivo
El boxeador Cory Spinks (i) recibe un abrazo de su padre, el ex campeón de medio peso Leon Spinks tras perder una pelea. EFE/MIKE BROWN/Archivo

En el 2014, sufrió daños intestinales y fue hospitalizado después de tragar un trozo de hueso de pollo y fue sometido a varias cirugías. Los problemas de salud se le complicaron en el 2019 al tener que recibir tratamiento por cáncer de próstata.

Dueño de un gran carisma y popularidad, fue miembro de una familia de boxeadores, donde su hermano Michael Spinks también ganó medalla olímpica, pero en peso mediano, en las mismos juegos donde él participó. Leon forjó una carrera profesional en donde acumuló 26 victorias, 14 nocauts, por 17 derrotas y tres empates en 18 años en el terreno de paga. Leon también es padre del ex campeón de boxeo Cory Spinks.

Falleció este viernes, pero hace 43 años alcanzó la gloria eterna al ganarle a Muhammad Ali. Fue cuando Leon Spinks pasó a la historia y se convirtió en leyenda